EDITORIAL

01 de Septiembre del 2007
Millones de Venezolanos ya comprendieron que los aspectos negativos del régimen que hoy lucha por someter nuestro país van mucho más allá de lo que pueda ser descrito como un "mal gobierno".
Inependientemente de nuestras preferencias políticas "tradicionales", debemos reconocer que antes de la llegada al poder del teniente coronel nuestra democracia vivió momentos de aciertos y desaciertos. Dependiendo del cristal con que se mire, algunos defenderían que un gobierno fue mejor o peor que otro; probablamente los argumentos girarían alrededor de aspectos como la corrupción, la seguridad (o falta de ella), el crecimiento económico, el desempleo, etc.
Sin embargo, después de casi nueve años Venezuela ha tenido oportunidad de entender mejor hacia donde nos lleva la fulana "revolución", resultando perfectamente claro que lo que estamos viviendo es mucho, mucho peor que un mal gobierno. Lo que hoy nos jugamos en Venezuela es nuestra identidad, nuestra dignidad y el derecho de elegir lo que pensamos, lo que decimos, lo que tenemos, lo que aprendemos y -quizás lo más importante- los valores que queremos heredar a nuestros hijos. Y cuando decimos "nos jugamos" reflejamos que TODOS, absolutamente TODOS los venezolanos seremos afectados por el resultado de este debate.
Desafortunadamente, un gran porcentaje de esos millones de compatriotas que mencionamos al principio se aferran a una débil esperanza de que las cosas se solucionen por si solas; después de todo, en el pasado muchas de las crisis que vivió nuestro país fueron superadas con poca o ninguna inervención del ciudadano común, de aquel que no le interesa -ni le interesó nunca- depender de un carnet politico para salr adelante, sino que prefiere valerse de su talento y esfuerzo para alcanzar el nivel de bienestar y prosperidad que anhela para si mismo y para su familia. Pero la situación ahora es diferente; la "no intervención" no garantiza en momento alguno la inmunidad, pues -tal como ha sido dicho hasta el cansancio por los propios voceros del régimen- quien no está con la "revolución" está en contra de ella, y es considerado -y tratado- como enemigo.
Los venezolanos que hemos partido a costruir en otras latitudes aquello que no logramos encontrar en nuestra patria, escuchamos con angustia de las voces de nuestros amigos y familiares las noticias del inmenso deterioro que ocurre en Venezuela. Y aunque sabemos que la lucha protagónica tendrá que ser librada en suelo patrio, asumimos nuestro compromiso de contribuir a la solución de esta crisis. La indiferencia no es una opción. El régimen dedica una parte importante de los recursos de la nación en tratar de disfrazar su rostro totalitario frente a la opinión internacional. Nosotros no tenemos tales recursos; pero tenemos nuestro trabajo, nuestra conciencia y nuestro amor por Venezuela. El dinero malhabido que hoy el régimen despilfarra groseramente, pronto no será suficiente para mantener al monstruo de corrupción y ambición desmedida que ellos mismos crearon. En contraste, nuestra conciencia y nuestro amor por Venezuela son inagotables, así que la victoria final pertenece inalienablemente a la Venezuela integra, honesta y libre que hoy defendemos y que habremos de heredar a nuestros hijos.
Somos RECIVEX; somos la Resistencia Civil de Venezolanos en el Exterior.